qué arañado está el cristal
del tiempo y, sin embargo,
no pasa más que yo paso, este
reloj tan viejo, no acaban
de dar las seis cuando las
ha dado, y es que me retraso,
o que lo encelo, telarañas
de amor con que lo enredo
a mi pulso y, a veces, lo
acelero, justo, carcelero
él y yo la clave que abre
la puerta del tiempo, y él
la cierra, y yo me duermo por
los corredores de los sueños...

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