Llegó en esto el cocodrilo
y la secuoya y gritaron:
conque dicen quién es quién.
Y después el eucalipto
y el elefante y gritaron:
conque dicen quién es quién.
Como era natural
nos callamos de una vez.
Ante tanta majestad
no era cosa de entender.
Acercose la palmera
y la anaconda y gritaron:
conque dicen quién es quién.
Arrimose la ballena
y la araucaria y gritaron:
conque dicen quién es quién.
Como era natural
nos callamos de una vez.
Ante tanta majestad
no era cosa de entender.
Y además el alcornoque
y el jabalí y gritaron:
conque dicen quién es quién.
Y luego el rinoceronte
y el algarrobo y gritaron:
conque dicen quién es quién.
Como era natural
nos callamos de una vez.
Ante tanta majestad
no era cosa de entender.
Acudió el pavo real,
la bellasombra, y gritaron:
conque dicen quién es quién.
Reuniose el baobab
y el bogavante y gritaron:
conque dicen quién es quién.
Como era natural
nos callamos de una vez.
Ante tanta majestad
no era cosa de entender.
Y sumáronse el almendro,
el oso, el haya, el nogal,
el león, el puma, el fresno,
el abeto, el gavilán,
el ciprés, el toro, el cedro,
y hasta el águila imperial.
Y gritaron y gritaron:
conque dicen ¿quién es quién?
Y gritaron y gritaron:
conque dicen ¿quién es quién?.