"Proemio"
por
José Mª de Mena
¿De cuál te enamoraste, Cayetano?. Había
en la clase un ramillete de muchachas en flor y, por
la ventana del Conservatorio, entraba la brisa de
la primavera. ¿De cuál te enamoraste, Cayetano?.
Nunca pude saberlo porque eras, por muy hombre,
naturalmente tímido y reservado.
En realidad, más que alumno, fuiste discípulo
mío. No el programa de la asignatura sino el
programa de la vida, lo aprendías a borbotones, con
prisa. Ay tu prisa de aprender, tu prisa de vivir,...
¡Ay tu prisa de morir!.
Cuando salíamos de clase, venías a mi lado
paseando por esas calles de nombres viejos: la calle
del Hombre de Piedra, la calle de la Feria, la calle
Relator,... ¿Y qué significa eso de relator?.
Mira Cayetano, en el antiguo lenguaje
procesal, el Relator era un magistrado de la Real
Audiencia. Relatores en los procesos de barcos de la
Flota de Indias hundidos por el tifón o por los
bucaneros del Caribe. Relatores en los procesos
contra falsificadores de moneda, contra salteadores
de Sierra Morena, contra fulleros y tahúres en las
casas de juego con naipes amañados. Relator en el
sumario contra Miguel de Cervantes que, por dos
veces, estuvo aquí en la Cárcel Real, donde soñó
y pergeñó su inmortal Quijote.
Y la poesía: ah, la poesía, el divino
licor que nos embriaga el espíritu. Cayetano,
Cayetano, bebe más despacio tu ración de poesía.
Pero, ¿quién es capaz de poner freno a un
alma de dieciocho años?. Más que discípulo, fue
Cayetano mi escudero, imaginando armarse caballero
un día. Caballero del ideal. Mi mujer, asumiéndolo
como un nieto, me dice: Nuestro Cayetano está
enamorado de una compañera de clase y le escribe
versos.