
"Dos palabras"
por
Manuel Barrios
Decía Ezra Pound, en 1913, que es casi
imposible escribir con precisión científica sobre
el verso, a menos que se componga un tratado completo
sobre el arte de escribir definiendo cada palabra
como definiríamos los términos en un ensayo de química.
En este sentido, todos los ensayos sobre poesía son
no sólo aburridos, sino inexactos y con frecuencia
inútiles. Por su parte, R. Whateley, refiriéndose,
un siglo antes, a definiciones retóricas, había
planteado este problema general aseverando que
diferentes escritores han dado definiciones diversas,
pero que no parecen haber disentido en la naturaleza
del asunto; más bien han tenido diferentes puntos de
vista mientras empleaban el mismo término, todo ello
encaminado a definir como poesía auténtica aquella
que, con independencia de postulados condicionantes,
nos habla al corazón; es decir, atesora en sí misma
tales caudales de sinceridad, belleza y emoción estética,
que hace innecesario el conflicto de las definiciones académicas. Así, una poesía es tal en cuanto
es capaz de elevarse a las regiones del espíritu
respondiendo a una llamada ineludible que sobrepasa
los límites del recurso literario.
Conformes con ello, hemos de reconocer la
calidad excepcional de un autor, Cayetano Salvatierra
Pinelo, que al ofrecernos unos ejemplos inefables de
poesía cálida e intimista, había dejado de ser una
venturosa promesa para convertirse en realidad,
cuando el zarpazo cruel e inexorable de la muerte,
en plena juventud, nos arrebataba a quien estaba
llamado a ser uno de los más grandes poetas
sevillanos de nuestro tiempo. Hemos de reconocerlo,
por ejemplo, en un "Homenaje a Bécquer"
que, recogiendo en sus versos las más exquisitas
reminiscencias del Poeta del Amor y del Dolor, supo
imprimirles los rasgos de una insobornable
personalidad:
"Estamos inclinados, detenidos,
cercados otra vez por tu recuerdo,
tu densa calentura destrenzada,
desgajada en el
viento."
V
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