RECORRIDO DEL SÍNTOMA AL
SINTHOME
Seminario impartido por Arturo Roldán en 1996
Introducción.
Comenzamos hoy este seminario que va del síntoma al “sinthome”, es
decir, intentaremos realizar un recorrido por las variaciones del
síntoma en la enseñanza de Lacan.
Para realizar este recorrido es necesario situarse en las últimas
concepciones del síntoma formalizadas por Freud, conceptualización que
no es simple puesto que entran varias sobredeterminaciones en su
formación.
El punto de partida, sin embargo, está claro: es la subversión que
Freud introduce sobre el síntoma médico. Desde el comienzo de su obra el
síntoma analítico no es signo de una patología, sino que es retorno de
lo reprimido, conflicto, formación de compromiso. Desde estas
teorizaciones parte Lacan para llegar, al final de su enseñanza, al
“sinthome”, y desde este punto de partida realizaremos un recorrido por
los distintos seminarios.
Libro I. Los escritos técnicos de Freud (1953-54).
“Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” fue
el informe que Lacan presentó en el Congreso de Roma los días 26 y 27 de
septiembre de 1953, mientras que la primera lección del Seminario 1 está
fechada el 18 de noviembre de 1953.
La sola lectura de estas fechas nos permite deducir una relación
entre ambos textos, relación en donde los avatares de la enseñanza nos
muestran el Seminario 1 en la línea lanzada por el escrito. De esta
manera, cualquier indagación sobre dicho seminario debe tener como telón
de fondo el escrito citado, donde está colocada una piedra fundante del
edificio lacaniano: “el inconsciente está estructurado como un
lenguaje”. A lo que hay que agregar que introduce una concepción del
síntoma muy precisa: “el síntoma es el significante reprimido de la
conciencia del sujeto”, es una cifra y, por lo tanto, un sentido
reprimido.
Como continuación de esta apertura podemos citar una frase del
Seminario 1: “El hallazgo del análisis... es haber percibido la relación
problemática del sujeto consigo mismo y haber puesto esa relación en
conjunción con el sentido de los síntomas... Es el rechazo de ese
sentido por el sujeto lo que le plantea un problema. Ese sentido no debe
serle revelado, debe ser asumido por él”.
De esta cita podemos sacar dos conclusiones importantes. La primera
es que, para el Lacan del Seminario 1, el síntoma está íntegramente en
el registro del sentido. Esta ubicación precisa abre el problema del
sentido, o dicho de otra manera: ¿qué sentido tiene el síntoma?.
Recordemos que estamos en la enseñanza de un Lacan freudiano y que,
por eso mismo, lo que cobra importancia es la historia del sujeto, el
sentido de su novela familiar, el sentido que puede dar a su historia.
El sentido del síntoma es lo que ha quedado fuera del sentido, y a esto
que ha quedado fuera se le puede dar otro sentido por la interpretación.
En este breve recorrido nos encontramos con dos términos a despejar:
sentido y significación. No es posible su nivelación puesto que sus
avatares recíprocos tienen una y mil contradicciones en la enseñanza de
Lacan que a veces nos llevan a verdaderos callejones sin salida.
Tomemos otra cita del Seminario 1: “El síntoma se presenta en primer
lugar como un trazo borrado, es aproximándose a él como se verá el
sentido”. Es decir, que ubicando el síntoma como el sentido de un trazo
borrado puede encontrarse su ubicación entre lo simbólico y lo real.
Aquí encontramos el sin sentido profundo de todo síntoma. Por el
contrario, podemos ubicar la significación, como sentido comprensible,
entre lo imaginario y lo simbólico.
Lo anterior tiene como trasfondo el espíritu inaugural de 1953,
“Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, donde
podemos leer esa poética definición del inconsciente: “es el capítulo de
mi historia que está marcado por un blanco u ocupado por un embuste, es
el capítulo censurado. La conexión entre el capítulo censurado y los
capítulos que lo enmarcan será restablecida por la recuperación del
sentido histórico”.
Sentido histórico que se resuelve por el síntoma al ser situado a
nivel de la palabra, palabra que es leída en el campo del lenguaje,
donde es posible su resolución. El síntoma es una palabra que debe ser
liberada.
El síntoma aparece en la palabra, o mejor aun, es la palabra que
viene del Otro y va hacia el Otro, donde obtendrá su sentido. Recordemos
que el sentido del síntoma ha sido reprimido. En el seminario de
Barcelona sobre “Die Wege der Symptombildung”, J. A. Miller lo dice de
esta manera: “En el texto inaugural de Lacan el síntoma aparece como un
sentido reprimido. Por supuesto que hay que tomar en cuenta el
significante de ese sentido reprimido, de tal manera que diré que el
síntoma aparece como un enigma. Se manifiesta soportado por un
significante de un significado que está reprimido, es decir, que no ha
sido comunicado o aceptado por el Otro”.
Se habla y se habla, y en ese hablar lo que está presente es un
significante reprimido. Este significante reprimido constituye lo
sintomático. Pero la significación reprimida puede ser tomada de una
parte del cuerpo o del pensamiento y manifestarse en la histeria o en la
obsesión.
Definido el síntoma por un significante reprimido el problema que se
plantea es el de la represión, problema que Lacan resuelve en la clase
que se llama “el núcleo de la represión”.
Parte del trauma freudiano cumple su función represora a posteriori,
repartiendo las letras del sujeto. Y es en este movimiento, a partir del
que algo se desprende del sujeto -éstos son los términos de Lacan-, que
no se reintegrará pero que permanece hablando, lo cual el sujeto no
domina.
Este desprendimiento simbólico será el núcleo de lo que después se
llamarán los síntomas, es decir, un punto central de realización
sintomática en donde la represión y el retorno de lo reprimido
constituyen el eje.
Ha sido muy extensa la primera conclusión que dedujimos de la primera
cita de Lacan del Seminario 1, pero nuestra afirmación fue que
sacaríamos dos conclusiones. Para la segunda conviene recordar el final
de la cita: “ese sentido no debe ser revelado, debe ser asumido por él”.
Segunda conclusión: en la dirección de la cura el analista no debe
suministrar sentido, sólo debe esperar que el sentido sea asumido por el
analizante. Ésta es una indicación precisa, puesto que más allá del
problema del sentido la indicación permanece: el “debe ser asumido por
él” nos indica la posición del analista.
Libro II. El yo en la teoría de Freud y en la
técnica psicoanalítica (1954-55).
Podemos localizar en el Seminario 2 una concepción del síntoma que es
continuación directa de su concepción sobre el síntoma del Seminario 1:
“Una palabra es matriz de la parte desconocida del sujeto, y ése es el
nivel propio del síntoma analítico”. Es decir, que continúa situando el
síntoma como una palabra censurada.
Sin embargo, existe entre el libro I y el libro II un ligero
desplazamiento que coloca al síntoma en el cruce de dos series: “la
coalescencia de dos series -al menos- de motivaciones, es necesaria para
la producción de toda formación sintomática. Una es sexual, la otra es,
según el nombre que nosotros le damos, lo simbólico”.
Al desvanecerse las vicisitudes del acto creador, “función y campo”,
emerge -en el retorno a Freud- una dimensión imaginaria del síntoma que,
en definitiva, muestra su cara de goce, lo sexual, y su envoltura
formal, lo simbólico.
Ubicación precisa y necesaria en la enseñanza de Lacan, puesto que al
final de este seminario afirma que el síntoma analítico se distingue de
cualquier índice natural ya que está estructurado en términos de
significante y significado, es decir, en el orden simbólico.
Lo anterior incita a retomar el problema del sentido, máxime cuando
hemos releído al final del Seminario 2 esta definición del sentido: “El
sentido consiste en que el ser humano no es el amo de ese lenguaje
primordial y primitivo. Fue arrojado a él, metido en él, está apresado
en su engranaje”. Esta cita, extraída de la clase “Psicoanálisis y
cibernética”, nos indica el camino de su concepción del sentido en ese
momento de su enseñanza.
Toma de la cibernética la noción de mensaje, que es reducido a una
serie de signos y que, por este motivo, está diferenciado de lo que
habitualmente llamamos mensaje que siempre porta un sentido. Para
argumentar esta posición, afirma que la cibernética es una ciencia de la
sintaxis, paso fundamental, ya que en esos momentos de su obra afirma
que las ciencias exactas no hacen otra cosa que enlazar lo real a una
sintaxis. Otro paso más y coloca la sintaxis como una serie de signos
orientados, donde la orientación marca un sentido pero no en todos los
sentidos de la palabra sentido. Podemos deducir, siguiendo el texto, que
el sentido de la sintaxis es su orientación y que el sentido de la
semántica es la suma de los sentidos a lo largo de la historia.
Lo anterior es sumamente útil para entender la concepción del síntoma
como mensaje que debe ser tomado a nivel de la sintaxis.
Esta concepción del síntoma hace posible una redefinición de la
psicoterapia que conviene remarcar. Por un lado tenemos el concepto de
síntoma analítico, definido como una palabra que es matriz de la parte
conocida del sujeto, a lo que se le opone la idea de un individuo
forjado a partir de nuestra concepción del desarrollo normal. Con
respecto al primero, el psicoanálisis interviene por medio de la
interpretación sobre lo descentrado del sujeto. Por el contrario, la
idea de un individuo normalizado, un normópata, producirá un diálogo
“interyoes” que dejará un puro efecto de sugestión.
Libro III. Las psicosis (1955-56).
El estudio de la psicosis plantea un problema en la conceptualización
del síntoma realizada por Lacan hasta ese momento. No puede seguir
sosteniendo el síntoma como un retorno de lo reprimido, es decir, como
un efecto de sentido producido por un significante censurado y que opera
a nivel de la palabra. Y esto por una razón muy simple: el síntoma
psicótico, que va desde las alucinaciones hasta los problemas en la
imagen corporal, tiene un estatuto distinto y diferencial que no permite
ninguna semejanza.
Como contrapartida al síntoma neurótico coloca al síntoma psicótico,
que adquiere su matiz propio al ser designado como fenómeno elemental.
El esfuerzo de Lacan en este seminario consiste en ubicar el síntoma
psicótico dentro de unas coordenadas simbólicas.
Esta verificación nos lleva a situar la palabra en el habla, de donde
deduce que el hablar es un mensaje que el sujeto recibe del Otro en
forma invertida. El síntoma psicótico no tiene estas características,
puesto que -lo sabemos- la función de la palabra se inscribe dentro del
campo del lenguaje.
Si el síntoma neurótico es el retorno de lo reprimido, el síntoma
psicótico es el retorno de un significante en lo real que producirá una
significación enigmática para el sujeto.
Pero el rodar de su enseñanza nos muestra en el Seminario 3 una
ligera oscilación en relación al Seminario 2. Citemos: “Para que haya
síntoma es necesario, al menos, que haya dos conflictos en causa, uno
actual y otro antiguo”.
Libro IV. La relación de objeto (1956-57).
Dora, la joven homosexual, el fetichismo, el travestismo, la fobia,
son interrogados desde el complejo de castración situado como nudo
central de la teoría. Para ello, sustituye la vaga noción de la relación
de objeto por las tres categorías de la falta de objeto: castración
simbólica, frustración imaginaria y privación real.
Desde la reapertura que hace posible esta redefinición de la falta,
ubica al significante reprimido, al significante sintomático, como una
verdadera condensación de múltiples sentidos, al que no puede dársele un
sentido único. Es así como el caballo de Juanito no solo representa el
miedo al padre, sino que también puede representar el miedo a la madre y
así de seguir... Pero lo importante es la aparición del significante
reprimido que produce una transformación en lo simbólico, un
reordenamiento de la vida que entra a girar alrededor del significante
sintomático.
Esto puede aclararse si entendemos la neurosis como una pregunta que
incluye al propio sujeto y sin que éste lo sepa. El síntoma es la parte
viva de la pregunta, el significante reprimido que reorganiza lo
simbólico. Lacan, para ilustrarnos esto, toma como ejemplo la anorexia
nerviosa, ejemplo que le permite afirmar que no hay ningún objeto real
y, por lo tanto, que se trata de una satisfacción sustitutiva de la
saturación simbólica. Ahora bien, esta satisfacción sustitutiva que ha
reordenado lo simbólico no puede ser tomada a la ligera, ya que decir
que la satisfacción del síntoma es igual a la satisfacción originaria es
tener poca idea del síntoma analítico.
Libro V. Las formaciones del inconsciente (1957-58).
Construir la gramática inconsciente nos deja, en el apartado III del
escrito citado, entre la letra, el ser y el Otro.
Hay un momento en este escrito en el que la letra se detiene, quizás
porque en esa temprana aparición su uso tenía una cierta confusión con
el del significante.
Pero dejemos rodar la letra hasta el final de la enseñanza de Lacan,
donde la volveremos a encontrar, y retornemos por un momento a su
instancia que se formaliza en la metáfora y la metonimia. En otras
palabras, el síntoma aparece como una metáfora y el deseo como una
metonimia.
Pero los opuestos se desvanecen cuando entra a jugar la estructura:
“Lo que Freud descubre esencialmente en los síntomas, ya sean los
síntomas patológicos o lo que él ha interpretado como lo que se presenta
más comúnmente en la vida normal -el lapsus, el chiste, el acto fallido-
es siempre un deseo”, a lo que hay que agregar que siempre es un deseo
reprimido.
Cuando se afirma, como lo hizo Freud y en este seminario lo retoma
Lacan, la relación entre síntoma y deseo reprimido, se tropieza con el
problema de la satisfacción. Por supuesto, esto no se le escapa a Lacan.
Así, en medio de este seminario afirma: “...en el síntoma mismo hay algo
que se asemeja a una satisfacción. Pero acerca de esta satisfacción me
parece suficiente marcar su carácter problemático, en tanto se trata de
una satisfacción al revés”.
Como contraparte de la satisfacción que el síntoma porta, está el
sentido del síntoma ya que, ampliando su concepción de éste en el
Seminario 1, Lacan afirma en 1957, en “L'Express”, que el psicoanálisis
es una ciencia que realiza una lectura del sentido. (Esta entrevista fue
publicada en castellano en la revista “Psicoanálisis” del “Grupo de
Estudios Psicoanalíticos - Israel”).
Pero hay más, puesto que a una pregunta del periodista sobre los
estadios previos al lenguaje contesta de la siguiente manera: “Los
síntomas, cuando Ud. cree reconocerlos, no le parecen irracionales más
que porque Ud. los toma en forma aislada y quiere interpretarlos
directamente”. A lo que puede agregarse: “El psicoanalista no es un
explorador de los continentes desconocidos o de los grandes fondos, es
un lingüista: él aprende a descifrar la escritura que está ahí, ofrecida
a la mirada de todos, pero que permanece indescifrable mientras que de
ella no se conocen las leyes, las claves”.
En la conferencia de prensa citada, Lacan toma como ejemplo los
jeroglíficos egipcios en un punto preciso: el pequeño signo buitre no
quiere decir nada aislado del conjunto al cual pertenece. En otras
palabras, el significante no está solo.
Jeroglífico, cifra, letra,... En el escrito contemporáneo que estamos
comentando, “El psicoanálisis y su enseñanza”, podemos leer: “El síntoma
psicoanalizable, ya sea normal o patológico, se distingue de otros
síntomas porque su estructura es idéntica a la del lenguaje”. Aquí vale
la pena recordar la diferencia dentro del lenguaje entre significante y
significado, cuya correspondencia no es biunívoca.
Esto hace posible que el síntoma pueda leerse, porque el síntoma se
forja en un proceso de escritura, es decir, porque está determinado por
la estructura significante.
El síntoma es entonces una formación del inconsciente con su propia
modalidad de goce (síntoma patológico) y, al mismo tiempo, podemos
afirmar que el lenguaje está dado por un proceso de escritura.
Jeroglífico, cifra, escritura, desciframiento,... ¿pero qué es la
cifra?. Para acercarnos a su concepción podemos recurrir al libro “Las
cifras”, de Georges Ifrah, donde podemos leer que su origen se encuentra
en el momento en que los números se comienzan a representar mediante
signos gráficos, en plena civilización sumeria. Más adelante, los
egipcios inventan su propias cifras, donde las palabras pasan a lo
cifrable.
La cifra tiene un límite en su desciframiento, un límite que está
entre lo simbólico y lo real.
En este seminario podemos leer dos clases referidas al síntoma. En la
primera, “Las máscaras del síntoma”, en función de lo paradójico del
deseo humano, el término máscara se refiere a lo que del sujeto aparece
como consecuencia de la satisfacción del deseo reprimido. Cifra y
máscara del síntoma.
Libro VI. El deseo y su interpretación (1958-1959).
Hay otra línea que se viene dibujando en la enseñanza de Lacan, línea
que va del falo como objeto imaginario al falo en su estatuto simbólico.
Conclusión que queda plasmada en “La dirección de la cura” (1958) al
colocar al falo en el registro significante, lo cual permite hablar de
identificación al falo con su consecuencia obligada: el falo no es un
objeto parcial.
En este seminario, el síntoma queda unido al deseo del Otro.
Libro VII. La ética del psicoanálisis (1959-1960).
Podemos comenzar diciendo que el Seminario 7 es el primer tratado
sobre el goce y, por lo tanto, un primer tratamiento a fondo de la
pulsión de muerte. En este desarrollo encontramos al goce como
transgresor, sobre la lógica de “El malestar en la cultura” que, en
definitiva, nos dice que sin represión de la pulsión sería imposible la
vida en comunidad, y que la represión de la pulsión produce neurosis ya
que engorda al superyó.
La dimensión arriba esbozada hace posible entender al síntoma como
retorno, por vía de la sustitución significante, de esto que está en el
fin del “trieb”. La satisfacción paradójica del síntoma se entiende
ahora por ser una satisfacción reprimida de la pulsión, su núcleo de
goce, siendo su estructura formal la sustitución significante.
Libro VIII. La transferencia (1960-1961).
Como su nombre lo indica, es un seminario dedicado a la transferencia
donde hay un extenso desarrollo sobre el fantasma y un silencio
alrededor del síntoma. Pero ese silencio es roto para decirnos algo que
merece ser rescatado en función del recorrido que vamos realizando: me
refiero a la relación entre el síntoma y el destino.
Cuando Lacan se pregunta: “¿Es que es esto, el psicoanálisis, a fin
de cuentas, una introducción del sujeto a su destino?”, se responde de
forma taxativa: “Evidentemente no”. Y continúa: si nos enseñaron a ver
en la figura de los síntomas algo que tiene que ver con esta figura del
destino, de lo cual se deduciría que el síntoma en su significación es
el destino, lo que podemos obtener como conclusión es que la única
praxis que puede cambiar el síntoma como destino de un sujeto es el
psicoanálisis, en la medida que no implica reducir el síntoma por
sugestión.
Sin embargo, no puede dejar de señalarse que este Seminario de “La
transferencia” coincide en el tiempo con su escrito “Subversión del
sujeto”, donde está el grafo desarrollado en su plenitud y donde el
síntoma se aloja en s(A) como un efecto del significado del Otro. Esta
significación del Otro está teñida del fantasma, que es en el grafo el
punto de parada anterior, alojado del lado de las respuestas.
Libro IX. La identificación (1961-1962).
En este seminario son muy escasas las indicaciones sobre el síntoma y
no varían en nada fundamental la concepción del mismo. Pero ahí donde el
silencio reina sobre el síntoma, se sientan las bases para sus
desarrollos futuros, y esto porque, en su entorno, Freud ha tropezado
con los tres tipos de identificaciones, extrayendo de una de ellas el
rasgo unario, soporte, pilón central de dichos desarrollos futuros.
Este rasgo unario tiene un estatuto preciso: darle una identidad al
sujeto cuyo punto de partida es la falta en ser del sujeto. Pero al
mismo tiempo que le da una identidad, hiende al sujeto, por eso el
sujeto aparece como dividido por el rasgo unario que viene del Otro.
Libro X. La angustia (1962-1963).
El tratamiento de la angustia que Lacan realiza en este seminario
bordea, casi siempre, la problemática del síntoma. Este borde es
necesario ya que aparecen el a como objeto del deseo y la
angustia en relación al deseo del Otro.
Sin embargo, cuando todo hacía sospechar que de la tríada inhibición,
síntoma y angustia, el segundo quedaría fuera, Lacan nos conduce al
meollo del síntoma, presentando como su paradigma al síntoma obsesivo. Y
lo presenta de esta manera porque el síntoma obsesivo permite detectar
que el a es la causa del síntoma.
La compulsión, fruto del lenguaje interior, si no se realiza
despierta la angustia. De esta manera, el a toma su lugar entre
la angustia y el deseo.
El síntoma obsesivo sólo se constituye cuando el sujeto se percata de
él, o de otra manera: para que el síntoma salga del estado de enigma que
aún no estaría formulado, es necesario que entienda que hay una causa
del síntoma.
El paso que da Lacan es definir el a como el resto de la
constitución del sujeto en el Otro, sujeto barrado. Y el síntoma pasa a
ser un resultado de la constitución del sujeto en el lugar del Otro, es
decir, que el síntoma lleva implícito el a como su causa.
En el Seminario de “La angustia” resulta un tanto difícil separar
deseo de goce, por eso la causa es causa de deseo y, esta causa, está
envuelta en su armazón significante: núcleo de deseo reprimido y
envoltura formal del síntoma.
Libro XI. Los cuatro conceptos fundamentales del
psicoanálisis (1964).
¿Por qué cuatro conceptos fundamentales?. ¿Por qué el síntoma no es
un concepto fundamental del psicoanálisis?. Estas preguntas nos
llevarían muy lejos. A falta de tiempo, sí podemos constatar que en “Los
cuatro conceptos” poco se habla del síntoma.
Encontramos una primera aproximación en la clase 1: “El síntoma es,
en primer lugar, el mutismo en el sujeto que se supone hablante. Si
habla está curado de su mutismo, evidentemente. Más esto no nos dice del
todo por qué ha empezado a hablar”. Esta afirmación está dicha en
referencia al síntoma histérico y a la importancia de éste en el origen
del psicoanálisis. Afirmando que el rasgo diferencial de la histérica es
que en el movimiento mismo de su habla constituye su deseo. Esta
relación entre el deseo y el lenguaje constituye lo que Freud designó
como inconsciente, relación que también sostiene la dimensión
sintomática.
Es necesario tener en cuenta que, si bien es cierto que en el
Seminario 11 hay pocas referencias al síntoma, estas referencias dejan
una estela de sorpresa. Es así como podemos ver referido también al
origen del psicoanálisis, y en relación a la pseudociesis de Bertha
Pappenheim: “¿Qué muestra allí?. Podemos especular, pero es preciso que
no nos precipitemos, sobre el lenguaje del cuerpo. Digamos, simplemente,
que el dominio de la sexualidad muestra un funcionamiento natural de los
signos. A este nivel no son significantes, pues el falso valor es un
signo, algo para alguien, mientras que el significante es otra cosa,
pues representa un sujeto para otro significante”.
Aunque un poco complicado en su sintaxis, podemos entender que
todavía Lacan necesita defender su concepción del síntoma como un
síntoma natural del lenguaje corporal. Lo hace a través de sostener la
vieja diferencia dentro de su enseñanza entre signo y significante,
ubicando el síntoma en este último registro.
© ARTURO ROLDÁN
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