Facsímil de la edición príncipe de los "Tres ensayos sobre una teoría sexual".

Facsímil de los "Tres ensayos sobre una teoría sexual"

TRES ENSAYOS SOBRE UNA TEORÍA SEXUAL (1905)

También a partir del abandono de su “teoría de la seducción” -que ya vimos en la carta a Fliess antes citada- y el reconocimiento de la realidad psíquica, el estudio de sus casos, la profundización en esa sexualidad ampliada que abarca a la infancia y que ha descubierto escuchando –tanto en su propio análisis como en el de sus pacientes- el complejo de Edipo, las pulsiones parciales, etc., le llevarán a la publicación en 1905 de los “Tres ensayos sobre una teoría sexual”, donde establecerá su oposición entre pulsiones de conservación y pulsiones sexuales, que la pulsión no tiene objeto predeterminado, que la sexualidad infantil es perverso-polimorfa, que la neurosis es el negativo de la perversión, etc.

Sobre este primer dualismo pulsional, conviene recordar que ya estaba implícito desde sus primeros artículos y que se trata siempre de un dualismo asimétrico, porque las pulsiones de conservación están teñidas desde el principio por las pulsiones sexuales. Así, en el apartado “Manifestaciones de la sexualidad infantil”, escribe:

“La primera actividad del niño y la de más importancia vital para él, la succión del pecho de la madre (o de sus subrogados), le ha hecho conocer, apenas nacido, este placer. Diríase que los labios del niño se han conducido como una zona erógena, siendo, sin duda, la excitación producida por la cálida corriente de la leche la causa de la primera sensación de placer. En un principio la satisfacción de la zona erógena aparece asociada con la del hambre. La actividad sexual se apoya primeramente en una de las funciones puestas al servicio de la conservación de la vida, pero luego se hace independiente de ella. Viendo a un niño que ha saciado su apetito y que se retira del pecho de la madre con las mejillas enrojecidas y una bienaventurada sonrisa, para caer en seguida en un profundo sueño, hemos de reconocer en este cuadro el modelo y la expresión de la satisfacción sexual que el sujeto conocerá más tarde. Posteriormente la necesidad de volver a hallar la satisfacción sexual se separa de la necesidad de satisfacer el apetito, separación inevitable cuando aparecen los dientes y la alimentación no es ya exclusivamente succionada, sino mascada.”(73)

Pero de este libro lo que nos interesa resaltar, por ser lo que más concierne a nuestro tema de las fobias, es la teoría que presenta (en el quinto apartado, sobre “El hallazgo de objeto”, del tercer capítulo, dedicado a “La metamorfosis de la pubertad”) sobre la angustia infantil:

“(…) los padres neurópatas son, en general, los más inclinados a una ternura sin medida, despertando así en sus hijos, antes que nadie y por sus caricias, la disposición a posteriores enfermedades neuróticas. Vemos, pues, que los padres neuróticos disponen de un camino distinto de la herencia para legar a sus hijos su enfermedad.

Angustia infantil.- Los mismos niños se conducen desde sus años más tempranos como si su dependencia hacia las personas que los cuidan fuera de la naturaleza del amor sexual. La angustia de los niños no es, en un principio, más que una manifestación de que echan de menos la presencia de la persona querida. Así, experimentan miedo ante personas desconocidas y se asustan de la oscuridad porque en ella no ven a la persona amada, tranquilizándose cuando ésta les coge de la mano. Se exagera el efecto de los relatos terroríficos de las niñeras cuando se culpa a éstas de originar el miedo en los niños que tienen a su cuidado. Aquellos niños inclinados a terrores infantiles son precisamente los que pueden ser influidos por tales relatos, que no ejercen, en cambio, acción alguna sobre aquellos otros no predispuestos. Y precisamente al miedo no se inclinan más que los niños que poseen una pulsión sexual exagerada, desarrollada prematuramente o devenida exigente por un exceso de mimo. El niño se conduce aquí como el adulto, transformando en angustia su libido cuando no logra satisfacerla, así como el adulto se conducirá completamente igual que el niño cuando por insatisfacción de su libido haya llegado a contraer la neurosis, pues comenzará a angustiarse en cuanto esté solo; esto es, sin una persona de cuyo amor se crea seguro, e intentará hacer desaparecer este miedo por los procedimientos más infantiles.”(74)

Más adelante tendremos oportunidad de ver las puntualizaciones y aclaraciones que realiza Lacan a propósito de esta teoría de la angustia infantil, pero de momento podemos adelantar que de estos párrafos se deduce con suficiente claridad, entre otras cosas, que cuando surge angustia en un niño es generalmente porque algo del deseo entre los padres no funciona, es decir que el hijo es “el síntoma de la pareja”.(75)

Por ahora, dejaremos el comentario de esta obra aquí y nos conformaremos con la base ya conseguida para pasar al estudio de la publicación más célebre de Freud sobre las fobias.

Esquematizando entonces rápidamente, las nociones que vertebran el psicoanálisis entre 1906 y 1909, mientras Freud escribe sobre el caso del pequeño Hans, son:

- La primera teoría de las pulsiones (de conservación y sexuales).
- La primera teoría de la angustia (la represión genera angustia).
- La primera nosología freudiana (neurosis actuales y psiconeurosis).
- La primera tópica (consciente-preconsciente-inconsciente).
- El síntoma es una formación de compromiso entre lo que retorna de lo reprimido desde el Inc y la censura del Cc (Prec).
- El sueño es la realización disfrazada de un deseo reprimido.

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(73) Freud, S.: “Tres ensayos sobre una teoría sexual”, pág. 1200. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(74) Ídem, págs. 1225 y 1226.
(75) Véase Puig, M., y Sosa, J.: “De la psiquiatría clásica a la clínica contemporánea”, pág. 70. Documento interno de la Universidad de León.
 

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