Apartado III.Por otra parte, la explicación que Freud proporciona, al comenzar el tercer apartado de este artículo, sobre el mecanismo de defensa que actúa en las psicosis alucinatorias (donde por primera vez en su obra aparece el verbo “verwift”(24), “rechazar”) será una de las más citadas posteriormente en relación al desarrollo por parte de Lacan de su concepto de “forclusión” (que propone como traducción del sustantivo “verwerfung”(25), “rechazo”): “(…) hay aún otra forma de la defensa mucho más enérgica y eficaz, consistente en que el yo rechaza la representación intolerable conjuntamente con su afecto y se conduce como si la representación no hubiese jamás llegado a él. En el momento en que esto queda conseguido sucumbe el sujeto a una psicosis que hemos de calificar de ‘locura alucinatoria’.”(26) Es importante resaltar que también en este artículo, a propósito de la “aparición simultánea de fobias y síntomas histéricos, tan frecuentemente observada en la práctica”, escribe sobre el concepto de “neurosis mixtas”, que desarrollará más ampliamente en “La neurastenia y las neurosis de angustia”. Y, para terminar, realiza una descripción de la “idea auxiliar” de la que se ha servido en su investigación sobre las neurosis de defensa, la de que la representación y su afecto concomitante pueden separarse y el afecto o montante de excitación derivar después libremente a otros destinos, bien trasladándose a alguna parte del cuerpo para dar lugar a un síntoma de conversión o bien asociándose a otras representaciones mediante un “falso enlace”, como sucede en las obsesiones y fobias(27). Sólo en las psicosis no se produce esta separación y son rechazadas conjuntamente la representación y su afecto, lo que hace imposible en esos casos tanto la terapia que viene desarrollando desde que abandonó la hipnosis, como la transferencia que descubrió con su uso mientras escribía los “Estudios sobre la histeria”.(28) “Tal idea es la de que en las funciones psíquicas debe distinguirse algo (montante del afecto, magnitud de la excitación), que tiene todas las propiedades de una cantidad -aunque no poseamos medio alguno de medirlo-; algo susceptible de aumento, disminución, desplazamiento y descarga, que se extiende por las huellas mnémicas de las representaciones como una carga eléctrica por las superficies de los cuerpos. Esta hipótesis, en la que se basa ya nuestra teoría de la ‘derivación por reacción’, puede utilizarse en el mismo sentido que los físicos utilizan la de la corriente de fluido eléctrico.”(29) Ésta es la hipótesis auxiliar, en resumen, por la que ha podido explicar en este artículo la formación de los síntomas de estas enfermedades por un mecanismo común -la defensa- que se pone en funcionamiento a partir de una “operación” -el intento de olvido-, es decir, no por un “estado” de disociación de la conciencia previo que pudiera predisponer a ellas como venía teorizando la psiquiatría de su época. © ANTONIO SALVATIERRA CITAS: (24) Véase Berenguer, E.: “Las posiciones subjetivas en la clínica
estructural”, pág. 33. Documento interno de la Universidad de León. |
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