* Los días 6, 7 y 9 de abril: El complejo de excreción. La escena de las bragas. “Wegen dem Pferd”.

Durante estos tres días el padre continúa preguntándole a Juanito, indagando sobre la cosa negra en la boca de los caballos que tanto le asustaba, pero el día 9, en un giro inesperado, el niño introduce el “complejo de la excreción” y comienza a mostrar repugnancia hacia las cosas que le recuerdan la defecación. Es entonces cuando se desarrolla la escena de las bragas a la que se refiere Lacan en su Seminario 4 y por la que concluye que “Juanito no será nunca un fetichista”(105), escena que Freud copia de las anotaciones del padre así:

“Al llegar a casa me pongo a hablar con mi mujer, que ha hecho varias compras y me las enseña. Entre ellas, unos calzones de señora amarillos. Juanito exclama repetidamente: ‘¡Puah!’, se tira al suelo y escupe. Mi mujer me dice que ya ha hecho lo mismo varias veces al ver aquellos calzones.

Le pregunto:

- ¿Por qué dices ‘¡puah’?.

Juanito: - Por los calzones.

Yo: - ¿Por qué?. ¿Porque son amarillos y te recuerdan la caca o el pipí?.

Juanito: - La caca no es amarilla; es blanca o negra. (…)”(106)

Al pasar el componente anal de la pulsión a primer plano, el padre comenta un síntoma del que hasta ahora nada se había hablado: “Juanito ha padecido desde siempre un estreñimiento pertinaz, que nos ha obligado a emplear laxantes e irrigaciones”(107).

"Después de comer le digo: ‘Vamos a escribir otra vez al profesor’. Juanito me dicta: ‘Cuando vi los calzones amarillos, dije: ¡Puah!. Escupí, me tiré al suelo, cerré los ojos y no miré’.

Yo: - ¿Por qué?.

Juanito: - Porque había visto los calzones amarillos. Y con los calzones negros hice lo mismo [El padre en una nota a pie de página: ‘Mi mujer posee, hace algunas semanas, unos pantalones cerrados, negros, para montar en bicicleta’]. (…)”(108)

Más adelante, ese mismo día, el padre le pregunta a su mujer si Juanito la ha acompañado alguna vez al retrete y ella le confirma que sí, que muchas veces, porque Juanito le daba la lata hasta que le dejaba entrar.

A la tarde, el padre sale con Juanito delante de la casa y le ve jugar trotando de un lado a otro como un caballo. Cuando vuelven a entrar, le pregunta si juega en Gmunden a los caballos con los otros niños, y un fragmento de la conversación que entablan al respecto adquirirá después bastante interés:

“Juanito: - Sí, muchas veces, Federico (uno de los hijos del casero) fue también caballo una vez, y Francisco fue cochero. Y Federico galopó tan de prisa, que una vez tropezó contra una piedra y se hizo sangre.

Yo: - ¿Se cayó?.

Juanito: - No. Luego metió el pie en agua y se lo vendó con un pañuelo.

Yo: - ¿Fuiste tú caballo muchas veces?.

Juanito: - ¡Ya lo creo!.

Yo: - ¿Y fue entonces cuando cogiste la tontería?.

Juanito: - Porque no paraban de decir: ‘Por culpa del caballo’ (‘Wegen dem Pferd’. Juanito acentúa especialmente la palabra ‘Wegen’). Y así, porque no paraban de decir: ‘Por culpa del caballo’, es quizás por lo que cogí la tontería.”(109)

Y aquí advierte Freud, en otra nota a pie de página, que conviene aclarar este detalle:

“Lo que Juanito quiere decir no es que cogiera entonces la tontería, sino que ésta se hallaba relacionada con aquello. La teoría exige que el mismo objeto actual de la fobia haya sido antes objeto de un intenso placer. Agregamos también algo que el niño no debe decir: que la palabra ‘wegen’ abre el camino a la extensión de la fobia desde los caballos a los vehículos (‘Wägen’). No debe olvidarse nunca que los niños tratan las palabras mucho más objetivamente que los adultos y que las homofonías son así mucho más significativas para ellos.”(110)

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(105) Lacan, J.: “El Seminario 4: La Relación de Objeto”, pág. 351. Ed. Paidós. Barcelona, 2001.
(106) Freud, S.: “Análisis de la fobia de un niño de cinco años (Caso Juanito)”, pág. 1391. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(107) Ídem, pág. 1392.
(108) Ídem.
(109) Ídem, pág. 1393.
(110) Ídem, págs. 1393 y 1394.
 

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