* Los días 15 a 17 de abril: Las fantasías vengativas.

El 15 de abril, el padre le pide que le repita la historia del día anterior y Juanito, aparte de seguir embromándole con el tema del viaje de Hanna a Gmunden en el cajón, debido al rencor que aún le guarda por haberle engañado con el cuento de la cigüeña, despliega, además, una fantasía de golpear y excitar a los caballos:

“Juanito: - (…) Cuando llegamos a Gmunden, mamá y yo la sacamos del cajón y la montamos en el caballo. El cochero iba en el pescante y Hanna tenía el látigo mío del año anterior y pegaba al caballo y decía: ‘¡Arre!’. Era muy divertido, y el cochero pegaba también al caballo…”(129)

Pero más adelante parece darle lástima continuar tomándole el pelo y le confiesa:

“Juanito: - (…) Oye, papá, todo esto que te estoy contando no es verdad.

Yo: - ¿Qué es lo que no es verdad?.

Juanito: - Todo eso. Oye: este año me metéis con Hanna en el cajón [Nota del padre a pie de página: ‘El cajón en que embalamos las cosas que llevamos a Gmunden, y que ahora está en la antesala’] y yo haré pipí dentro. Me haré pipí en los pantalones. Me tiene sin cuidado. No es ninguna vergüenza. Oye: todo esto no es una broma, pero es muy divertido.”(130)

El día 17 prosigue con sus fantasías de carácter sádico:

“Juanito: - Cuando veo ahí un coche, me da miedo de que a lo mejor se me ocurre ‘excitar a los caballos’ y se caerán y armarán jaleo con las patas.

(…)

Yo: - ¿Te gustaría pegar con un látigo a los caballos?.

Juanito: - Sí.

Yo: - ¿Quisieras pegarles como mamá pega a Hanna?. ¿Eso te gusta también?.

Juanito: - A los caballos no les hace daño que les peguen. (Esto se lo había dicho yo en una ocasión para mitigar su miedo al ver pegar a los caballos). Y ya lo he hecho una vez. He cogido un látigo y he pegado a un caballo hasta que se cayó y empezó a armar jaleo con los pies.”(131)

Durante esta conversación, el padre le va conduciendo para que le hable abiertamente de sus posibles deseos de pegar a los miembros de la familia, así que termina preguntándole:

“Yo: - ¿A quién te gustaría pegar realmente, a mamá, a Hanna o a mí?.

Juanito: - A mamá.

Yo: - ¿Por qué?.

Juanito: - Porque me gustaría pegarle.

Yo: - ¿Cuándo has visto que nadie pegue a su mamá?.

Juanito: - Nunca. En mi vida lo he visto.

Yo: - Y, sin embargo, quisieras pegarle. ¿Cómo quieres hacerlo?.

Juanito: - Con un bastón. (Su madre le amenaza a veces con pegarle con un bastón).”(132)

Aunque Freud se limita a señalar en la “Epicrisis” que esto supone que las fantasías de golpear de Juanito tienen una doble determinación, hacia el padre en venganza como vimos antes, pero también hacia la madre por “oscuros impulsos sádicos”(133), Yafar lo lee de esta otra manera:

“(…) La madre lo ha amenazado con un batidor de alfombras a él (lo cual no nos parece demasiado simbólico a nosotros) y él transforma claramente lo pasivo en activo, manteniendo así la secuencia ‘dentro’ del principio del placer, lo que es empleado para ligar aquella angustia que le evocaría un ‘más allá’ del mismo, pero sin un corte que la elabore mediante un duelo definitivo por su posición especular ante su madre. Los roles son permutables (como ‘gato y ratón’ dijimos(134), o ‘gata y ratoncito’, valga la humorada) pues no hay distinción de posicionamientos entre su madre y él. (…) Juego indiscriminado que no distancia, sino que ‘liga’ a Hans con su madre en una danza de rabietas interminables. Hay captura y no desprendimiento. Impotencia del padre, en suma. Del ‘padre’ en tanto representante de la ley de la castración.”(135)

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(129) Ídem, pág. 1403.
(130) Ídem, pág. 1404.
(131) Ídem, pág. 1405.
(132) Ídem, pág. 1406.
(133) Ídem, pág. 1431.
(134) Véase Yafar, R.A.: “Amor y perversión”, pág. 32. Ed. Ricardo Vergara. Buenos Aires, 1989.
(135) Yafar, R.A.: “El caso Hans: Lectura del historial de Freud”, pág. 100. Ed. Nueva Visión. Buenos Aires, 1991.
 

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