Apartado II.En la segunda parte del artículo nos recuerda que en las fobias el estado emotivo es siempre la angustia y nos dice que son más monótonas y típicas que las obsesiones. También en las fobias distingue dos grupos: fobias comunes (a la noche, las serpientes, los peligros, etc.) y fobias ocasionales, como la agorafobia y las fobias de locomoción, que no inspiran ningún temor al hombre sano. Además, nos advierte que estas últimas fobias no son obsesivas como las fobias comunes. Por tanto, aunque están siempre relacionadas con lo sexual, no todas las fobias las hallamos enlazadas a ideas extraídas de la vida sexual. Sobre el mecanismo de las fobias nos aclara que mientras en las obsesiones la representación reprimida es sustituida por otra, en las fobias lo que se produce no es una sustitución sino la “elección” de una representación: “(…) es totalmente diferente del de las obsesiones. No se trata ya de una sustitución, ni resulta posible descubrir, por medio del análisis psíquico, una idea inconciliable sustituida. Sólo se encuentra un estado emotivo de angustia, que por una especie de elección ha hecho resaltar todas las ideas susceptibles de llegar a ser objeto de una fobia. En los casos de agorafobia, etc., se encuentra con frecuencia el recuerdo de un ataque de angustia, y en realidad lo que el enfermo teme es la emergencia de tal ataque en aquellas circunstancias especiales en las que cree no podrá escapar a él. La angustia de este estado emotivo existente en el fondo de las fobias no se deriva de ningún recuerdo. Habremos, pues, de preguntarnos cuál puede ser el origen de esta potente condición del sistema nervioso. En respuesta a esta interrogación espero poder demostrar otra vez que está justificado establecer una neurosis especial, la neurosis de angustia, de la cual es el síntoma principal dicho estado emotivo.”(34) De todos modos, esta teoría del “falso enlace o elección”, que también mantiene en el caso del pequeño Hans cuando habla de la “elección” del caballo como su objeto fóbico, la extenderá más adelante, en cierto sentido, a todas las “neurosis de transferencia” en la siguiente nosología freudiana, la que construye a partir de la “Introducción del narcisismo”, de 1914, y que expondremos al llegar a esa altura de su obra. Y ya sólo nos queda señalar que en el presente artículo es donde habla por primera vez de la neurosis de angustia, pero como volveremos a encontrarnos con esta nueva entidad nosológica en los siguientes y en ellos la estudia más en profundidad, podemos terminar de momento aquí. © ANTONIO SALVATIERRA CITAS: (34) Ídem, pág. 182. |
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