A) Sintomatología clínica de la neurosis de angustia.

En este primer apartado, pasa a enumerar y explicar los síntomas que ha encontrado que caracterizan la neurosis de angustia:

1. La excitabilidad general.

2. La espera angustiosa.

3. El ataque de angustia.

4. Los ataques de angustia rudimentarios y los equivalentes del ataque de angustia. Y en este punto también detalla las formas del ataque de angustia que le son conocidas hasta ese momento: perturbaciones de la actividad cardíaca, de la respiración, sudor, temblores y convulsiones, etc.

5. El “pavor nocturnus” de los adultos.

6. El ataque de vértigo o mareo.

8. Las perturbaciones (pocas pero muy características) de la actividad digestiva (náuseas, congestiones, diarreas,…), y resalta que “la neurosis de angustia ejerce sobre el estómago y el intestino una influencia contraria a la de la neurastenia”, lo que apoya una vez más su justificación de separar ambas entidades nosológicas.

9. Las parestesias y una especie de “conversión” que recuerdan a la histeria.

10. Varios de los síntomas citados se representan también en forma crónica.

Pero nos hemos saltado el punto siete para verlo ahora más detenidamente, ya que en él realiza la siguiente incursión en el tema de las fobias para profundizar sobre la distinción entre los dos grupos de los que ya nos había empezado a hablar en su artículo anterior:

“Sobre la base de la espera angustiosa, por un lado, y por otro de la tendencia a los ataques de angustia y de vértigo, se desarrollan dos grupos de fobias típicas, referente uno a las amenazas fisiológicas generales y otro a la locomoción.”(37)

En el primer grupo de estas fobias nos dice que la angustia disponible simplemente intensifica repugnancias comunes a todos los hombres, como el miedo a las serpientes, a las tormentas, a los insectos, etc., pero que no adoptan el carácter que se observa en el obsesivo a menos que se asocien con la reminiscencia de un suceso anterior (es de suponer de la infancia) que sorprendió al enfermo, y no solamente porque en él perdurase la impresión violenta. “O dicho de otro modo, tales impresiones sólo conservan su fuerza en personas enfermas de ‘espera angustiosa’”.

En el segundo grupo de fobias incluye la agorafobia y todas las referentes a la locomoción, donde dice que con frecuencia encuentra en su base un ataque anterior de vértigo, aunque quizás no sea una premisa indispensable.

“La relación de estas fobias con las de la neurosis obsesiva, cuyo mecanismo hemos descrito en nuestro estudio titulado ‘Las neuropsicosis de defensa’, es la siguiente: coinciden ambas perturbaciones en el hecho de hacerse obsesiva una representación por su enlace con un afecto disponible, pudiendo así adscribirse a ambas clases de fobias el mecanismo de la transposición del afecto.”(38)

A destacar sobre este párrafo que en este artículo es donde utiliza Freud por primera vez en su obra el término de “neurosis obsesiva”, entidad nosológica que se separa ya nítidamente del concepto de fobias (ya no es “representaciones obsesivas y fobias” ni “obsesiones y fobias”, puesto que incluso distingue entre las fobias de las neurosis obsesivas y otras fobias) para perdurar así hasta nuestros días. Aunque a veces, o incluso con frecuencia, se presenten fobias (obsesivas) en los obsesivos, a partir de ahora queda claro de nuevo que las fobias son otra cosa y no forman parte integrante indispensable tampoco de esta enfermedad.

“Pero en las fobias de la neurosis de angustia es este afecto siempre el mismo, la angustia, y no procede de una representación reprimida, demostrándose tan irreducible por medio del análisis psicológico como rebelde a toda acción psicoterapéutica. Así, pues, el mecanismo de la sustitución no es aplicable a las fobias de la neurosis de angustia.”(39)

Recapitulando, cuando la fobia (que puede hallarse en cualquier enfermedad pero que no forma parte necesariamente de ninguna ni constituye hasta ahora una entidad nosológica por sí misma) se presenta en un caso de neurosis obsesiva (o de histeria, es decir, en alguna “psiconeurosis”), sí es accesible a la terapia porque eso implica que hay alguna representación reprimida y estable que se puede intentar buscar con la técnica de la asociación libre, pero cuando se encuentra en un enfermo de neurosis de angustia (enfermedad que queda junto a la “neurastenia propiamente dicha” del lado de las antiguas neurosis en el sentido de la psiquiatría clásica, a las que Freud pasará a denominar “neurosis actuales”), entonces es una manifestación casi directa de la angustia, es decir, en estos casos la fobia se puede referir a muchas situaciones u objetos de manera muy cambiante y variable, y no hay ninguna representación reprimida estable que buscar en una terapia.

No obstante, de la complejidad de estas diferenciaciones nos da cuenta en el siguiente párrafo:

“Ambas clases de fobias (o representaciones obsesivas) se presentan con frecuencia juntas, aunque las fobias atípicas, fundadas en representaciones obsesivas, no tienen que arraigar necesariamente en el terreno de la neurosis de angustia. Con frecuencia tropezamos con otro mecanismo, aparentemente más complicado, cuando en una fobia originariamente sencilla de la neurosis de angustia es sustituido el contenido de la fobia por otra representación; esto es, cuando la sustitución viene a agregarse, a posteriori, a la fobia. Para tal sustitución se emplean con máxima frecuencia aquellas ‘medidas preventivas’ que primitivamente se ensayaron para combatir la fobia. Así, la obsesión especulativa surge de la aspiración a darse el sujeto a sí mismo una prueba de que no está loco, como la fobia hipocondríaca le afirma. Las vacilaciones y dudas, o más bien repeticiones de la ‘folie de doute’(40), nacen de la duda justificada en la seguridad del propio pensamiento, dado que el sujeto tiene conciencia de la tenacísima perturbación de sus procesos mentales, por la representación obsesiva. Puede, por tanto, afirmarse que también muchos síndromes, tanto de la neurosis obsesiva como de la ‘folie de doute’ y otras perturbaciones análogas, deben ser adscritos clínicamente, ya que no conceptualmente, a la neurosis de angustia.”(41)

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(37) Ídem, pág. 186.
(38) Ídem, pág. 187.
(39) Ídem.
(40) Véase Mazzuca, R., Lombardi, G. y Lajonquiere, C.: “Curso de Psicopatología V: Neurosis obsesiva”, pág. 23. Ed. Tekné. Argentina, 1987.
(41) Freud, S.: “La neurastenia y la neurosis de angustia”, pág. 187. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
 

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