C) ANGUSTIA, DOLOR Y DUELO.Nos recuerda Freud para empezar que nuestro conocimiento de los procesos afectivos es muy escaso, que en “Duelo y melancolía” no logró llegar a la explicación de por qué el duelo ha de ser tan doloroso, y se pregunta “¿cuándo la separación del objeto produce angustia, cuándo duelo y cuándo, quizás, sólo dolor?”(367). En busca de las respuestas, parte una vez más de la situación del niño de pecho que cuando encuentra el rostro de una persona extraña en lugar del de la madre rompe a llorar (situación a la que ya se ha referido en tantos textos anteriores). De este llanto, en el que observa angustia y también dolor, infiere que el bebé aún no es capaz de distinguir entre la ausencia temporal de la madre y su pérdida definitiva, y que son las repetidas desapariciones y reapariciones de ésta las que le ayudan a madurar tal conocimiento. Por ejemplo, cuando ella juega a taparse y destaparse el rostro ante él, momentos de regocijo en los que el niño experimenta un “anhelo” (“Sehnsucht”) de la madre, ya sin desesperación. Cuando el niño de pecho echa de menos a su madre, puede vivir una situación traumática si en ese momento experimenta una necesidad que sólo ella le podría satisfacer, pero si aún no tiene ninguna, sólo se siente en una situación de peligro por temor a que le llegue a surgir una necesidad y vuelva a encontrarse desamparado. De modo que ésta es la primera condición de la angustia que introduce el yo: la pérdida de la percepción del objeto, que es equiparada a la pérdida del objeto mismo. El temor a la pérdida del cariño únicamente pasa a constituir una condición de la situación peligrosa más adelante, cuando la experiencia le enseña al niño que la madre puede estar presente pero enfadada con él. Además, hay que tener en cuenta que también la situación traumática de la ausencia de la madre difiere del trauma del nacimiento, ya que en este último aún no existía ningún objeto. Son las repetidas situaciones de satisfacción posteriores las que crean el objeto materno, el cual al emerger la necesidad recibe la carga de anhelo, puesto que el bebé sólo anhela la presencia de la madre al principio para que satisfaga sus necesidades. Por otra parte, del dolor físico sabemos que se produce cuando un estímulo que ataca la periferia traspasa los dispositivos de protección contra los estímulos. Entonces el lugar dolorido del cuerpo exige una elevada carga narcisista que aumenta cada vez más y vacía, por decirlo así, al yo. Del mismo modo, en el dolor anímico la imagen del objeto echado de menos exige una intensa carga de anhelo que, al no poder ser satisfecha, crece de continuo y crea las mismas condiciones económicas que se dan en el dolor físico. Por lo que Freud deduce que la distinción entre dolor físico y dolor anímico o interior, corresponde simplemente a la diferencia entre carga narcisista y carga objetal. Todo lo cual le permite concluir que el dolor anímico es la reacción a la pérdida del objeto, mientras que la angustia es la reacción al peligro que conllevaría dicha pérdida del objeto. Así aborda pues, para terminar, la tercera reacción afectiva a la pérdida del objeto que nos había prometido investigar en este apartado, el duelo, cuya explicación nos dice que ya no le supone ninguna dificultad: “El duelo surge bajo la influencia del examen de la realidad, que impone definitivamente la separación del objeto, puesto que el mismo no existe ya. Se plantea así, a este efecto, la tarea de llevar a cabo tal separación del objeto en todas aquellas situaciones en las que él era de una elevada carga. El carácter doloroso de esta separación se adapta a la explicación que acabamos de dar por la elevada carga de anhelo, imposible de satisfacer, y concentrada en el objeto por el acongojado sujeto, durante la reproducción de las situaciones en las cuales ha de efectuarse un desligamiento de los lazos que lo mantenían atado a él.”(368) Al respecto, comentará Lacan en su Seminario 10: “Al término de su especulación sobre la angustia, Freud se pregunta en qué todo aquello que ha podido plantear sobre las relaciones de la angustia con la pérdida del objeto puede distinguirse del duelo. Todo el codicilo, el apéndice a ‘Inhibición, síntoma y angustia’ indica el embarazo más extremo a la hora de definir cómo se puede comprender que estas dos funciones a las que él da la misma referencia den lugar a manifestaciones tan diversas.”(369) © ANTONIO SALVATIERRA CITAS: (367) Ídem, pág. 2881. |
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